Recordando a Laika

>> martes 22 de septiembre de 2009

El 3 de noviembre de 1957 la cosmonave rusa Sputnik 2 fue lanzada al espacio transportando el primer ser vivo puesto en órbita alrededor de la Tierra: la perrita Laika. El evento fue ampliamente difundido en los medios de comunicación de todo el mundo, dando a conocer detalles pormenorizados de semejante hazaña soviética.
Laika formaba parte de un grupo de perros a los que se había adiestrado para soportar bien los rigores de los viajes espaciales. Fueron sometidos a las mismas pruebas físicas que luego se emplearon en astronautas humanos.

Orbitando a unos 1500 km de la Tierra la Sputnik 2 enviaba continuamente informes telemétricos de las condiciones vitales de la perrita: presión sanguínea, pulsación, respiración. Así como mediciones ambientales de la cápsula: temperatura y presión internas. Instalaron un aparato para absorber dióxido de carbono tóxico, un generador de oxígeno y un ventilador automático para mantener una temperatura adecuada. La cabina estaba acolchada y tenía agua y comida en forma de gelatina. Laika llevaba una especie de traje espacial equipado con una bolsa para almacenar sus desechos y un arnés que limitaba sus movimientos a sentarse, ponerse de pie o acostarse, evitando así que la ausencia de gravedad le hiciese dar vueltas.
El lanzamiento fue un éxito y una vez en órbita Laika se encontraba tranquila y en perfectas condiciones. La gente estaba maravillada y esperaba con entusiasmo que en pocos días la perrita volviera a la Tierra. Este proceso de regreso sería doble, según explicaba la Unión Soviética: primero descendería a bordo de la cápsula del Sputnik 2 y luego en paracaídas.

A los cuatro días de orbitar la Tierra sobrevino la tragedia. Las autoridades anunciaron que Laika no podría regresar y para evitar que sufriera soltaron un gas letal previsto para estos casos y Laika se durmió para siempre.
Pero la verdad es que mintieron. Al poco tiempo confesaron que esto no ocurrió a los cuatro días si no a los siete días del viaje.
Lo cierto es que mintieron de nuevo. La realidad es que Laika murió a los 10 días de estar en órbita y fue debido a un fallo en una de las baterías de la nave. Esto produjo que el sistema de soporte vital dejara de funcionar y Laika poco a poco fue perdiendo el conocimiento por falta de oxígeno hasta que murió. Al menos murió en paz, ¿verdad? Mentira.

La verdad sólo se supo 45 años después en el Congreso Espacial Mundial de 2002 celebrado en Houston, Estados Unidos. El científico Dimitri Malashenkov del Instituto de Problemas Biológicos de Moscú informó que Laika murió pocas horas después del inicio de la misión debido a las altas temperaturas y al miedo. Su detallado informe sorprendió por completo a la comunidad científica.
Después del lanzamiento, cuando la nave alcanzó la velocidad máxima de 28000 km/h, los sensores médicos informaron que el ritmo respiratorio del animal aumentó de tres a cuatro veces lo normal y su frecuencia cardíaca pasó de 103 a 240 latidos por minuto. Cuando el Sputnik 2 entró en órbita la punta cónica se separó con éxito pero la otra sección de la nave que debía desprenderse (el Blok A) no lo hizo, impidiendo que el sistema de control térmico funcionara correctamente. Además parte del aislamiento térmico se desprendió provocando un aumento de hasta 40ºC en el interior de la cápsula con una humedad muy alta. Después de tres horas de ingravidez el pulso de Laika bajó a 102 latidos por minuto. En las pruebas de la Tierra sólo tardaba una hora en bajar a ese ritmo. Por tanto la subida intensa de sus latidos debió ser provocada por la combinación de sobrecalentamiento, miedo y estrés. A pesar de esto los datos mostraban que Laika estaba comiendo.

Pero lo más indignante es que Laika fue el primer animal enviado al espacio sin esperanzas de ser recuperado. El líder soviético Nikita Jrushchov solicitó (o sea exigió) que se lanzara una nave al espacio para el día del aniversario de la revolución bolchevique, el 7 de noviembre de 1957 y así aumentar el prestigio del país. Los científicos sólo tuvieron cuatro escasas semanas para prepararlo todo: construir la nave espacial y entrenar a Laika. Los planes originales tenían un margen de dos meses. Aún no se sabía cómo retornar una cápsula a la Tierra y que sobreviviese un ser vivo a bordo de ésta. La única solución fue mantener a Laika unos 10 días con vida hasta que las reservas de oxígeno se agotasen. No tuvieron tiempo para idear el sistema de regreso a la Tierra.

Cinco horas después del lanzamiento las señales vitales de Laika comenzaron a fallar. Pasadas las siete horas se dejaron de recibir datos vitales de Laika.
El cuerpo de Laika permaneció en órbita dentro de su cápsula espacial por un total de 162 días. Tras haber dado 2570 vueltas a la Tierra finalmente cayó a la atmósfera el 14 de abril de 1958. Cualquier persona observando el cielo en ese momento podría haber contemplado el regreso de Laika en forma de una estrella fugaz cayendo en la noche.

“Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No debimos haberlo hecho… No aprendimos lo suficiente de esta misión como para justificar la pérdida del animal” (Oleg Gazenko, uno de los principales científicos del programa de animales en el espacio y entrenador de Laika).

Laika era una perra callejera de Moscú que pesaba unos 6 kg y tenía 3 años de edad cuando fue capturada para el programa espacial soviético. Si alguna vez te encuentras con un perro o un gato vagabundo por la calle y decides adoptarlo, recuerda esta trágica historia. Haz que su vida sea feliz y no lo abandones. Y si es hembra te proponemos un nombre: Laika.

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